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viernes, 15 de marzo de 2013

No Hal


Hal se levantó de la cama e intentó agarrar los pantalones que colgaban de la silla de su habitación pero su mano atravesó la tela del mismo modo que la luz del sol atraviesa los cristales de las ventanas. “Maldita sea, otra vez no”, pensó. Se dirigió al cuarto de baño y se situó frente al espejo. Tal como sabía que ocurriría, su reflejo se negó a aparecer. Se miró las piernas y las manos... y estaban allí, perfectamente visibles para él, pero completamente desaparecidas para el espejo y para el resto del mundo. Definitivamente había dejado de existir otra vez. 

Hal regresó a la habitación y se sentó sobre la cama. Decidió que esperaría unos minutos y tal vez se le pasara solo. Tal vez volviera a existir pasado un tiempo, como ya le había ocurrido otras veces. Estando allí sentado empezó a pensar. Siempre le daba vueltas a la cabeza cuando dejaba de existir. Pero lo más curioso es que no pensaba sobre la existencia, sobre el ser y el no ser, o sobre el significado filosófico de todo aquello. Más bien pensaba en las pequeñas cosas. Por ejemplo, sabía que estando en aquel estado de no-existencia, no podía interactuar con ningún objeto. Era incapaz de agarrar sus pantalones del mismo modo que era incapaz de comer o beber (aunque, al no existir, tampoco necesitaba hacerlo) o era invisible a ojos de los demás. A efectos prácticos, no había Hal alguno en el mundo. Sin embargo él sabía que estaba allí, sentado sobre la cama. Siendo así, ¿cómo es que no atravesaba la cama, igual que había atravesado los pantalones, y se estrellaba contra el suelo?. Es más, ¿cómo es que no atravesaba también el suelo, y todos los pisos del edificio, y seguía bajando hasta llegar al centro de la Tierra?. Tal vez es que al no existir, se había vuelto insensible a la gravedad. Pero eso tampoco tenía sentido: después de todo seguía sentado sobre la cama. Si la gravedad no le afectara estaría flotando, o volando, o incluso sería capaz de salir del planeta e irse a explorar el espacio exterior. Desde luego, la no existencia era un estado (o un no-estado) ciertamente curioso. 

Miró el reloj que había sobre su mesilla de noche y comprobó que se le estaba haciendo tarde. Había quedado en recoger a Margarita a las 9, antes de que se formara el atasco del fin de semana. Margarita... la dulce y buena Margarita. Ya hacía más de un mes que la conocía. Ninguno de los dos lo había dejado claro en voz alta, pero podría decirse que era su novia. Hal le había contado casi todo sobre sí mismo: le gustaba pensar que no había secretos entre ellos. Pero el asunto de la no-existencia... eso era diferente. Nunca se había atrevido a decírselo. ¿Cómo le dices a una chica que a veces no existes?. Porque, seamos realistas, aunque digan que ellas son más románticas y que no quieren a los hombres por su físico, ¿qué mujer querría a un hombre que no existe?. 

Hal estaba cavilando sobre estos asuntos e intentando idear un plan para llegar a tiempo a su cita cuando empezó a notar peso de nuevo. Siempre que volvía a la existencia se notaba pesado, como si de repente fuera plenamente consciente de cada célula de su cuerpo. Afortunadamente, aquella sensación era una buena noticia: significaba que Hal existía de nuevo. Ahora podría vestirse, desayunar y estar en casa de Margarita a tiempo. Y sobre el asunto de contarle todo aquello... en fin, mejor dejarlo para otro día. Al fin y al cabo, hablar sobre algo que no existe no tiene sentido ¿no?.

9 comentarios:

  1. Acabas de fulminar el "pienso, luego existo"!!!!
    Muy chulo el relato, sí señor...

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  2. Muy bueno.

    A veces estoy en un estado de esos...Sobretodo después de la guardia...Me siento desaparecido..

    Saludos Taramabana

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  3. Muy curioso, me recordó a "Desmontando a Harry", cuando de repente el prota aparece desenfocado.

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  4. Que buen relato, me agrada mucho como escribes (no por nada te sigo ¿verdad?, y sobre todo me gusta la imaginación que tiene, que gustazo que compartas esto cono nosotros :D

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  5. Antes que nada, me disculpo por tardar tanto en responder, pero este fin de semana no he tenido acceso a internet.

    Rune, jaja, es verdad, en esta historia no existir ha dejado de ser una excusa para no pensar :D
    Gracias :)

    Manuel, jeje, gracias. Es normal que después de las guardias necesites un ratillo para un merecido descanso y reaparecer otra vez al 100% ;D

    Doctora, creo que no he visto esa peli, pero veo que la ponen muy bien, así que me la apunto para verla próximamente.
    Gracias, me encanta que te haya parecido curioso. :)

    Alezhi, gracias, ¡que cosas más bonitas me dices! :D
    Para mi es un gustazo que te gusten estos relatillos que hago :)

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  6. Hay mañanas que me siento un poquito como Hal y también tengo que sentarme un ratito a esperar a que mi cuerpo decida re-existir. ;P

    Muy buen relato, me ha encantado.

    Ahora la cuestión está en que no existe físicamente pero sí mentalmente. ¿Existe entonces o no? :P

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  7. Jill, uf, creo que eso nos pasa a muchos: a veces por la mañana "no estamos para nadie" :)
    Gracias, me alegra mucho que te haya gustado.
    Y, sí, queda un poco en el aire hasta qué punto no existe... ;D

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  8. Me recuerda a la metamorfosis de Kafka, pero mejor porque este acaba bien, por ahora jaja
    Muy interesante, como todos tus relatos ^^ exijo continuación!
    Besos tomatiles

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  9. Tomate, tengo pendiente (pendientísimo) leer algo de Kafka: todo el mundo dice que tiene una manera especial de escribir, así que tengo que comprobarlo.
    Gracias, me encanta que te haya gustado :)
    Besos tarambaniles ;)

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