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sábado, 28 de septiembre de 2013

Dale otra vuelta

Siempre me han gustado los juegos de lógica, las curiosidades matemáticas y las paradojas. Las hay más sencillas y más complicadas, pero muchas de ellas pueden sacarnos una sonrisa, porque se suelen servir de nuestra inteligencia y nuestro sentido común para llevarnos al absurdo. No hace falta ser un experto en ciencia o filosofía para disfrutar de estos juegos, puesto que se basan en el sentido común, en las conclusiones a las que llegamos todos cuando recorremos ciertas líneas de pensamiento.

En la Grecia clásica estos juegos de lógica debían estar bastante de moda, porque inventaron algunos bastante simpáticos. Una de las paradojas clásicas más famosas es la de Aquiles y la tortuga. La idea es que, utilizando únicamente la lógica matemática de la manera más estricta, llegaríamos a la conclusión de que Aquiles (que suponemos que era muy rápido) perdería en una carrera contra una tortuga. El razonamiento es muy simple: antes de empezar la carrera, Aquiles le daría una pequeña ventaja a la tortuga, por lo que el animal estaría por delante del hombre. Como Aquiles es muy rápido, no tardaría mucho en recorrer la distancia de regalo que le concedió a la tortuga, sin embargo, cuando hubiera llegado al punto donde estaba la tortuga, ésta ya no estaría allí, sino un poco más adelante. Por ello, a continuación Aquiles tendría que recorrer una nueva distancia para llegar al punto donde se encuentra la tortuga. Pero, una vez más, cuando lo hubiera hecho, la tortuga se habría movido nuevamente y seguiría por delante del corredor. Y así sucesivamente. Siempre que Aquiles llegase al punto donde se encontraba la tortuga, ésta ya habría avanzado algo y se encontraría por delante. Por supuesto este razonamiento hace "trampas", porque la física no funciona así y todos sabemos que la realidad es que el corredor adelantaría a la tortuga sin problemas, pero no deja de ofrecer un ejercicio lógico entretenido.

Las matemáticas también nos ofrecen momentos curiosos ayudándonos desvelar los sesgos (los errores) a los que nos lleva nuestra intuición. Una curiosidad matemática bastante conocida es la Paradoja del Cumpleaños. Imaginemos que estamos en una sala con un grupo aleatorio de personas, en total hay 23 personas en la sala. ¿Cuántas probabilidades crees que hay de que el cumpleaños de 2 de esas personas sea el mismo día del mismo mes?. La mayoría de la gente tiende a pensar que son muy bajas: sería mucha casualidad que de un grupo de sólo 23 personas, dos de ellas tengan el cumpleaños el mismo día. Sin embargo la estadística nos dice que es muy probable que ocurra esta coincidencia: hay un 50,7% de probabilidades de que ocurra. De hecho, si hay 50 personas en un mismo sitio y les preguntamos qué día es su cumpleaños, hay más de un 97% de probabilidades de que 2 o más de ellas coincidan. Aunque este juego se suele conocer como Paradoja del Cumpleños, en realidad no es ninguna paradoja, sino un hecho demostrable matemáticamente y en la práctica. En este enlace puedes ver la demostración matemática (que es bastante sencilla, no deja de ser un problema de fracciones).

De todos modos, si la cosa va de jugar con la lógica, mis favoritas son las contradicciones. Me hacen mucha gracia las frases del estilo de generalizar siempre es malo o yo siempre miento. Las hay muy divertidas.

En fin, aquí lo dejo, que ha quedado una entrada muy rara. En cualquier caso, cuando no tengas otra cosa que hacer, ya sabes que siempre puedes echarte unas risas haciendo un poco de lógica casera. ;)

domingo, 22 de septiembre de 2013

Principales secundarios

Cuando vemos una película la mayor parte de nuestra atención se dirige al protagonista y a los personajes principales. La trama gira entorno a ellos y es por ellos por quienes sentimos más afecto, simpatía o preocupación a medida que avanza el metraje. Sin embargo el cine no sería lo mismo sin la ayuda de cierto tipo de personajes que a menudo pasan algo más desapercibidos, pero que también se ganan al público de manera más o menos sutil y ayudan a los protagonistas a destacar. Hablo de los secundarios.

Algunos actores han dedicado gran parte de su carrera a dar vida a personajes secundarios. Aunque por lo general no son tan famosos como los protagonistas, a base de verlos continuamente acompañando a nuestros héroes y villanos favoritos, también han logrado hacerse un hueco en nuestros corazones. A continuación presento mi particular lista (un poco friki) de actores secundarios por los que siento especial simpatía.

Michael Ironside. Empiezo a lo grande. Uno de los secundarios más carismáticos que hay. Este actor americano ha participado en gran cantidad de películas, muchas de ellas con cierto componente fantástico o de ciencia-ficción que le ha convertido en toda una estrella para los que tenemos cierta debilidad por lo friki. Especializado en papeles de villano (pero no exclusivamente), puedes encontrarlo en títulos como Desafío Total, Starship Troopers, Terminator Salvation o en un breve pero acertado cameo en X-Men: Primera Generación.

Rachel Ticotin. Una gran actriz secundaria a la que siempre me gusta encontrarme en la pantalla grande. No suele interpretar papeles especialmente llamativos pero aporta un toque de delicadeza a casi todos ellos que hace que su presencia se agradezca. Si bien ha hecho toda clase de papeles, su especialidad está en el cine de acción, rodeada de tipos duros y moviéndose como pez en el agua en papeles donde combina esa delicadeza que mencionaba antes con un caracter duro e independiente. Por así decirlo, sabe combinar perfectamente el estereotipo femenino más suave y agradable con el más independiente y moderno. Puedes ver algunos de sus trabajos destacados en Desafío Total, Un día de furia o Con-Air.

Manuel Alexandre. Probablemente nuestro actor secundario patrio más célebre. Especializado en papeles de anciano bueno y sabio aunque algo inocentón, Alexandre ha participado en infinidad de películas como secundario. Sólo al final de su carrera hizo algún papel principal (por ejemplo en el olvidable, y perdón por el juego de palabras, drama sobre el Alzheimer ¿Y tú quien eres?). Me cuesta traer a la memoria las películas en la que lo he visto (aunque, al mismo tiempo, tengo la sensación de que han sido muchas), pero podría destacar Pídele cuentas al reyElsa y Fred y la serie de televisión un poco chunga pero de indudable carisma Los ladrones van a la oficina.

Steve Buscemi. Un gran actor muy valorado en Hollywood por su capacidad para meterse en prácticamente cualquier papel. Debido tanto a su físico como a sus aptitudes interpretativas se le da especialmente bien interpretar a personajes inquietantes, pero también es verdad que se le da bien prácticamente todo: le he visto hacer de bueno, de malo, de tonto, de listo, de rico, de pobre... Podemos ver su arte en títulos como Armaggedon, El Gran Lebowski, La Isla o la agobiante e inquietante Fargo.


Pues aquí lo dejo por ahora. La próxima vez que veas una película, acuérdate de los secundarios, que también son muy importantes. ¡Buen finde!.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Televicio

Este finde he estado un poco pachucho. Estar malo no es nada divertido porque toses y te duele la cabeza y tienes fiebre, etc. Pero cuando atraviesas una gripe-catarro no hay otra solución que aguantar como buenamente puedas mientras hablas con voz sexy y ves mucho la tele.

La televisión... ¿cómo decirlo?. Podría decir muchas cosas acerca de la tele, ese medio de comunicación tan universal, que trae información y entretenimiento a las vidas de la gente de todo el mundo. De las muchas cosas que podría decir sobre la tele, creo que lo más destacable es que tiene mucha programación chorras.

El otro día, por ejemplo, puse el canal Cosmo (que viene de Cosmopolitan) (llevaba un rato zappeando y acabé ahí, no me juzguéis con severidad). La cosa es que reponían el estreno de un programa que por lo visto iba a ser la repanocha, así que me dije a mi mismo "a ver de qué va esto". El programa se llama "We love Tamara" y viene a ser una especie de documental acerca de la vida de una chica que se llama Tamara. Y ya. No da para más. Es una moza majilla y más bien pija que va por ahí andando y hablando y montando en coche. Y ya está. También reconozco que sólo vi 10 minutos de programa, pero aquello no tenía visos de conducir a ninguna parte.

Pero lo bueno de la tele es que siempre tienes la opción de darle al mando y cambiar de canal. Navegando entre reposiciones de series, americanos subastando antigüedades y tertulias mañaneras, es probable que acabes encontrando algo que te suba la moral. Mejor dicho: alguien. Y ese alguien es ¡Jackie Chan!. Me encanta ver pelis de Jackie Chan cuando estoy malo (este finde he visto dos) (que me encante no quiere decir que haya que empacharse). Mezcla a la perfección la acción y el humor. En sus pelis siempre hay un montón de tortas pero todas ellas están hechas con el divertidísimo e inconfundible sello de Jackie Chan. Y además, al final de casi todas sus pelis, ponen un montón de tomas falsas con todos los golpes y accidentes que tiene el pobre Jackie durante el rodaje (por cierto, los de la Sexta han cortado los créditos del final y las consiguientes tomas falsas, ¡muy mal!).

En fin, que la buena noticia es que sigo vivo y no se me han paralizado los dedos ni nada que me impida actualizar, así que ya estoy por aquí. Quizás esté un poco lento y falto de inspiración estos días, pero sé que me seguiréis queriendo porque este blog es legen... espera... ¡dario!. (Uf, tengo que desintoxicarme de tele). ;)

sábado, 7 de septiembre de 2013

"De toda la vida"

La historia de las ciencias está llena de curiosos experimentos. Hoy traigo uno que me parece muy simpático e interesante (tal vez pelín cruel), y que creo que merece la pena conocer. Pongo directamente la explicación que han hecho en la web Microsiervos, que es muy breve y clara:
Monos y Plátanos
Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.
Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.
Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos.
Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.
Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.
Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.
Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso.
El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.
Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: «No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así».