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jueves, 18 de septiembre de 2014

La caza del documento

Nota: Este relato está basado en hechos reales.

El videófono de mi habitación sonó. Se trataba de un mensaje pregrabado de Burocracia Central. La pantalla titubeó un momento antes de encenderse y una burócrata con su uniforme azul con cuellos blancos y cofia celeste que cubria el pelo rubísimo y perfectamente colocado en un moño apretado pronunció el mensaje de manera clara y escueta, imbuida de esa amabilidad corporativa que caracteriza a los trabajadores de la organización.
- Agente Bana, pase a recoger los documentos correspondientes a su última misión. Edificio Central, planta 1ª, sector Alfa.

Me puse rumbo a mi destino. Llegué enseguida, ya que no estaba lejos. Era un edificio blanco y enorme. Una gran mole de hormigón macizo cubierta de una fina capa de suavidad blanca y brillante. Era casi como una metáfora de la organización: un gran ente brillante y moderno pero lleno de recovecos insondables para quien no supiera mirar bien.

Yo caminando por los pasillos de Burocracia Central
Accedí al interior, con un gran vestíbulo que desembocaba en un mostrador donde un agente de seguridad daba el alto a cuantos visitantes se le acercaban para pedirles su documentación y otorgarles acceso al punto concreto del gran edificio al que se dirigieran.
- Buenos días -me dijo, al tiempo que me repasaba con su ojo biónico en un escaneo inicial.
- Soy el agente Bana, me han llamado para...
- ¿Bana? ¿T. Aram Bana? -dijo, mientras buscaba en la pantalla de su computadora de acceso.
- Sí ese soy yo.
- 1ª planta, sector Alfa. Por favor, deje los objetos metálicos en la bandeja y pase por el arco.

Obedecí. Extraje de mis bolsillos mi pequeño ordenador portátil, una radio en miniatura, una cámara fotográfica y varios carretes, un busca, un reloj, una calculadora y un pequeño modelo de televisor reproductor de diapositivas. Hubiera tardado menos si existiera algún invento futurista que reuniera todo eso en una sola máquina, pero desgraciadamente la realidad no es como las novelas de ciencia-ficción.

Uno de los despachos de Burocracia Central
Volví a recoger todos mis objetos una vez hube accedido al otro lado del arco detector de metales. El guardia me proporcionó una tarjeta perforada con mis datos y me indicó uno de los ascensores, que me llevaría directamente a la primera planta. Una vez allí tuve que buscar el sector Alfa. Ante mi, varios trabajadores de Burocracia Central se afanaban en sus tareas. Varias secretarias con sus moños apretados tecleaban en sus máquinas de escribir llenando el ambiente con un armónico "tac-tac-tac". Los burócratas caminaban de acá para allá, ensimismados en sus asuntos, mirando a través de sus diminutas gafas y fumando cigarrillos casi consumidos. El sector Alfa bullía de actividad corporativa, pero mi deber era obtener mis documentos y largarme, no quedarme allí a mirar.

Debajo de un cartel de neón que decía "Documentos", había una mujer cuyo cuerpo quedaba prácticamente sepultado detras de una gran mesa llena de papeles. Una vez más pensé que ojalá existiera algún modo de reunir toda esa información en un soporte menos aparatoso, tal vez algún tipo de cinta o microfilm que se pudiera consultar a través un cómodo televisor de tubo. Desvaríos propios de un aficionado a la fantasía.

- ¿Agente Bana? -preguntó la mujer.
- El mismo.
- Aguarde un momento.
Abrió un cajón clasificador y lo repasó minuciosamente con sus dedos rechonchos pero ágiles y acostumbrados al trabajo de oficina. Pasados unos segundos, extrajo un pliego lleno de datos y me lo entregó.
- Ahora debe firmarme el "recibí" -así lo hice- Ponga sus iniciales aquí... su nombre aquí... su número donde se le indica... la fecha... el nombre de su superior... otra vez las iniciales... otra vez su firma... un autógrafo en este hueco... su huella dactilar... una célula madre... y por último firme aquí.

Después de eso puse rumbo a casa. Había sido un día largo para conseguir mis papeles codificados de Burocracia Central, pero lo había conseguido. Al llegar a casa los pasé por el descodificador: resultó ser una bonita felicitación de cumpleaños corporativa. Hay que reconocer que tienen unos detalles muy buenos cuando quieren.

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Nota: Todo este rollo me lo inspiró el hecho de ir a un edificio público a por un diploma y haber tenido que pasar por un detector de metales. Pero para ser justos tengo que decir la administración pública ha mejorado mucho en los últimos años y es injusto que no se le quite el sanbenito de ineficaz y pasota. El edifició al que accedí hoy es un sitio moderno, seguro, bien acondicionado para el trabajo que se desempeña en él y con unos trabajadores amables y eficaces. Así que espero que os hayáis divertido con mi relato "retrofuturista", pero que quede claro que sólo tengo buenas palabras para los empleados públicos con los que me he encontrado.

6 comentarios:

  1. Me he quedado gratamente sorprendida, me ha gustado muchísimo, deberías escribir relatos más a menudo. Al principio pensé que me estabas hablando acerca de un anuncio de un detergente del futuro xd! Pero luego ya vi a que te referías. Lo de que sea eficaz depende de como tenga el día el funcionario que te atienda, créeme, te lo digo yo que voy a menudo. Por cierto, lo que me he reído con lo de T. Aran Bana jajaja, me encanta. Biquiños!

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  2. mi mujer es funcionaria así que no se me pasará por la cabeza decir nada contra ellos...
    pero la Junta de Andalucía en gral y la UCA en particular (por decir los que me traen frito más recientemente) no me ayudan a evitar el exabrupto....
    saludos,

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  3. Ha cambiado :D
    Realmente la gente a veces np se percata de lo mucho que se hace, no solo de cara al público (en mi caso la consulta), sino ademas estar al día con los conocimientos y ejercicio administrativo (bajas, recetas, interconsultas y enterarse bien del paciente que enviaste al hospital). También hay de todo, bueno, malos, malencarados y solícitos. Lo otro es que para muchos, yo no soy funcionario...Porque no estoy en una oficina del "estado"...

    Saludos

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  4. Cris Mandarica, ¡gracias! Me encanta que te haya gustado el relatillo.
    Y, sí, uno nunca está libre de toparse con alguien que no le atienda bien, pero hay que tener en cuenta que eso puede pasar en cualquier sitio (público o privado). Mis últimas experiencias con servicios públicos han sido muy buenas: eficaces, eficientes y amables.

    Rafarrojas, estoy de acuero en que a veces puede seguir habiendo problemas y torpezas. Pero tengamos en cuenta que eso no es patrimonio exclusivo de lo público, ¿o es que nunca has tenido que esperar un montón en la consulta del dentista? ¿nunca ha habido errores en documentos o trabajos que te haya preparado un abogado/constructor/lo-que-sea? ¿nunca te ha atendido un camarero borde? Esas cosas pueden pasar, en cualquier sitio. Pero al sector privado no le ponemos la cruz de bordes o pesados o ineficaces. Me refería a eso con la nota del final. :D

    Manuel, esa es otra: cuando la gente dice que hay que eliminar funcionarios... ¿en quien está pensando? ¿los médicos? ¿los bomberos? ¿los policias? Más bien tienen una idea abstracta de un oficinista que no se sabe bien qué hace, pero la verdad es que los empleados públicos hacen muchas cosas necesarias.
    En tu trabajo ya me imagino que tendrás que permanecer especialmente actualizado y alerta ante cualquier imprevisto.

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  5. Buen post y estoy de acuerdo con Cris Mandarica, escribe más relatos, que nos gusta. Creo que poco a poco ese mito de los funcionarios, se está quedado atrás. Yo nunca he tenido problemas a la hora de perdir un documento oficial.

    Buen día.

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  6. Eowyn, ¡gracias!
    Sí, afortunadamente la mala fama del sector público va quedado atrás (aunque de vez en cuando sigue habiendo algunos empleados públicos que hacen honor a todos los tópicos) :D

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