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domingo, 31 de mayo de 2015

Una historia de ascensor

Se abre la puerta y ahí está ella, esperando en el interior del ascensor. Me dedica una leve sonrisa de aprobación, un "¿subes?" silencioso, así que entro en el habitáculo y pulso el botón del piso. Entonces la puerta se cierra y nos quedamos a solas en ese lugar en el que el destino nos ha hecho coincidir. Ambos permanecemos callados, jugando a esquivarnos las miradas, esperando en un espacio diminuto en el que el tiempo parece detenerse. Ella hace como que mira un panfleto de publicidad, yo hago como que miro el reloj. Por fin el ascensor llega a su destino y la puerta vuelve a abrirse. Nos despedimos y me voy a casa. Jobar con el perfume atómico que llevaba la señora: ya estaba empezando a ponerme azul.

9 comentarios:

  1. Jajajajaja! Perfume atómico! No sabes cómo te entiendo!

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    1. jeje, todos hemos vivido una situación de estas características alguna vez, ¿verdad? :D

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    2. Yo la vivo casi a diario. Tengo vecinas mayores que no saben cuál es el tope para echarse perfume. Así que a veces dejo que vayan primero ellas en el ascensor y luego lo pillo yo... porque de lo contrario, hubiera estirado la pata hace mucho! :P

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  2. Yo que pensaba que se trataba de una historia de amor tierna y resulta que era una señora asfixiándote con un hectolitro de colonia XD

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    1. Ya ves que las apariencias engañan... xD

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  3. Y seguro dijo que ella no fue :D

    Saludos Tarmabana

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    1. jaja, yo sólo pensaba en perfume, pero tu idea es mejor xD

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  4. Con los años se va perdiendo agudeza en todos los sentidos, lo de la vista es muy conocido y el que lo sufre lo pasa mal, pero en el olfato... en el olfato lo sufrimos los demás!!

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    1. Sí, está claro que algo de eso ocurre. :D
      Pero bueno, también tiene la ventaja de ver a esa gente mayor tan contenta cuando van de punta en blanco. Inspiran una seguridad en sí mismos y una alegría geniales. :)

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